Entre el 18 de enero y el 18 de febrero se expusieron nueve dibujos a tinta y siete cuentos. Consistían en un breve atlas en el que se describían ciertos lugares que también se situaban en unos planos marítimos. De este modo se ampliaba el relato de los fantásticos viajes de la aventurera veneciana Angelina Trisole.
Durante la inauguración se procedió a la lectura dramatizada de algunos fragmentos de la primera parte de El libro de Angelina, a cargo de la compañía de commedia dell'arte I Fulminati.
EL CASTILLO DE
Pero para residir en tan prodigiosa tierra ha de rendir vasallaje al Buen Deseo, que yace en una humilde cueva a la vista de todos. Tal es su generoso ofrecimiento, que éste, con sus ricas, pero sencillas vestiduras, arropa sin pedir cuentas al desnudo y seca las lágrimas del desconsolado. Después le ofrece beber de las aguas del arroyuelo de
No teme el hombre que allí vive más azar que la llegada de la noche, por creer que con ella podría llegar la dulce muerte. Ya que es en ésta cuando, bajo el fulgor de la blanca Luna, llegan los sueños interminables, aquellos que llenos de infinitos sentimientos e incontables detalles arrullan sus almas hasta que el sol de la mañana acaricia sus mejillas.
Hay un escollo en el viaje que a muchos hace palidecer y a otros genera complacencia. Es una isla que como castillete inexpugnable se alza en medio del mar. Está repleta de gentes, pero sin embargo se la dice de
Hay quien siembra en tierra estéril o quien pretende vaciar el agua del mar. Hay quien suelta la mano que su salvación le ofrece por pensar que en el camino otra le ha de llegar. Hay quien pone rumbo a un espejismo o se encomienda al meloso canto de una sirena. Pero no hay mayor derroche de confianza que el reproche que se oye en la lejanía del horizonte contra uno mismo, cuando los vientos que te acarician no lo hacen en tu espalda.
LA MESETA DE
Hay una meseta que no tiene final, cuya entrada es estrecha e invisible para quien no alberga la esperanza de ganar la meta. Debe atravesarse con determinación y valentía, con cordura y prudencia, con optimismo y alegría. En ningún caso entretenerse por el camino, por no tomar por premio lo que era boleto. Cuando el viento sople, hablará la tierra, y siguiendo su dictado se alcanzará la salida hacia una colina y un valle.
EL DESIERTO DE LOS PROPÓSITOS
Muchos juraron atravesarlo en menos de una jornada. Algunos hicieron votos para erigir en él monumentos. Uno afirmó que no era desierto sino altiplanicie rebajada. Pero ninguno atinó a descubrir y describir su secreto: que no hay deseo cumplido que conlleve el empeño de contar sus arenas ni hay más monumento inútil que convertirse en piedra: sólo con la cabeza en las nubes, los pies en la tierra alcanzarán su destino.
EL CAÑÓN DE
Por él bajan las almas de los bienaventurados, sin llegarse a saber nunca de donde salieron. Algunos sabios y doctores se plantean si no será de sus rocas de donde nacen aquellos hombres y mujeres que no asemejan forma de adultos, sino de bebes recién paridos. Otros se manifiestan a favor de la teoría de que caen del cielo en el punto donde nace el cañón y otros, los menos, que brotan del fondo de sus aguas y flotan hasta la desembocadura. Pocos reparan en que en los cestos con que surcan estos seres su estrecho cauce hay siempre la huella de un beso, una caricia y un te-quiero.
Hay quien, sabiendo de su situación, alejó su rumbo para no ser tragado por ella. Otros, en cambio, se dejaron atraer y penetraron con furor en ella, sin más recuerdo del mundo exterior que un saquito de obstinación y un fardo de desatino. En los puertos se decía que los que entraron en ella no volvían porque era imposible escapar de su embrujo, pero en las tabernas a la noche se confesaban los marineros viejos, que una vez tuvieron la fortuna de ver de lejos su hambrienta boca, que nadie volvía porque allí dentro estaba todo lo que el hombre podía desear, amar, respetar y defender.









