miércoles, 7 de marzo de 2012

EL ATLAS ANGELINO


Entre el 18 de enero y el 18 de febrero se expusieron nueve dibujos a tinta y siete cuentos. Consistían en un breve atlas en el que se describían ciertos lugares que también se situaban en unos planos marítimos. De este modo se ampliaba el relato de los fantásticos viajes de la aventurera veneciana Angelina Trisole.

Durante la inauguración se procedió a la lectura dramatizada de algunos fragmentos de la primera parte de El libro de Angelina, a cargo de la compañía de commedia dell'arte I Fulminati.









EL CASTILLO DE LA PAZ


A Oriente asoman unas tierras gratas y fértiles. No hay flor que su fragancia esconda, ni hierba que su frescor oculte. Y nadie que allí entre quiere nunca regresarse al hogar ni recordar lo que es padecer. Nada más pisar sus playas el caído renace de sus cenizas y encuentra en sus caminos toda clase de recompensas.

Pero para residir en tan prodigiosa tierra ha de rendir vasallaje al Buen Deseo, que yace en una humilde cueva a la vista de todos. Tal es su generoso ofrecimiento, que éste, con sus ricas, pero sencillas vestiduras, arropa sin pedir cuentas al desnudo y seca las lágrimas del desconsolado. Después le ofrece beber de las aguas del arroyuelo de la Compasión y el Cariño, libremente. Es un agua tan fresca y clara que toda sed de ánimo calma y toda hambre de alegrías despierta.

No teme el hombre que allí vive más azar que la llegada de la noche, por creer que con ella podría llegar la dulce muerte. Ya que es en ésta cuando, bajo el fulgor de la blanca Luna, llegan los sueños interminables, aquellos que llenos de infinitos sentimientos e incontables detalles arrullan sus almas hasta que el sol de la mañana acaricia sus mejillas.






LA ISLA DE LA SOLEDAD


Hay un escollo en el viaje que a muchos hace palidecer y a otros genera complacencia. Es una isla que como castillete inexpugnable se alza en medio del mar. Está repleta de gentes, pero sin embargo se la dice de la Soledad. Otros, más pesimistas, la bautizarían de la Desesperanza, pero ésta no existe porque siempre hay una escala lista para poder salir de ella. Aunque cuentan que muchos perecieron por precipitarse en la fuga o por temer abandonar vilmente su soledad en medio de sus convecinos, negándose a reconocer su pérdida y ahogándose a conciencia. Entre estos, alguno prefería confiar y quedarse pacientemente cerca de la isla, por si su soledad, en el último momento, decidía acompañarle en su nueva aventura.




EL ESTRECHO DE LOS DERROCHES


Hay quien siembra en tierra estéril o quien pretende vaciar el agua del mar. Hay quien suelta la mano que su salvación le ofrece por pensar que en el camino otra le ha de llegar. Hay quien pone rumbo a un espejismo o se encomienda al meloso canto de una sirena. Pero no hay mayor derroche de confianza que el reproche que se oye en la lejanía del horizonte contra uno mismo, cuando los vientos que te acarician no lo hacen en tu espalda.






LA MESETA DE LA ILUSIÓN


Hay una meseta que no tiene final, cuya entrada es estrecha e invisible para quien no alberga la esperanza de ganar la meta. Debe atravesarse con determinación y valentía, con cordura y prudencia, con optimismo y alegría. En ningún caso entretenerse por el camino, por no tomar por premio lo que era boleto. Cuando el viento sople, hablará la tierra, y siguiendo su dictado se alcanzará la salida hacia una colina y un valle.





EL DESIERTO DE LOS PROPÓSITOS


Muchos juraron atravesarlo en menos de una jornada. Algunos hicieron votos para erigir en él monumentos. Uno afirmó que no era desierto sino altiplanicie rebajada. Pero ninguno atinó a descubrir y describir su secreto: que no hay deseo cumplido que conlleve el empeño de contar sus arenas ni hay más monumento inútil que convertirse en piedra: sólo con la cabeza en las nubes, los pies en la tierra alcanzarán su destino.






EL CAÑÓN DE LA ESPERANZA


Por él bajan las almas de los bienaventurados, sin llegarse a saber nunca de donde salieron. Algunos sabios y doctores se plantean si no será de sus rocas de donde nacen aquellos hombres y mujeres que no asemejan forma de adultos, sino de bebes recién paridos. Otros se manifiestan a favor de la teoría de que caen del cielo en el punto donde nace el cañón y otros, los menos, que brotan del fondo de sus aguas y flotan hasta la desembocadura. Pocos reparan en que en los cestos con que surcan estos seres su estrecho cauce hay siempre la huella de un beso, una caricia y un te-quiero.





LA GRUTA DE LA PASIÓN


Hay quien, sabiendo de su situación, alejó su rumbo para no ser tragado por ella. Otros, en cambio, se dejaron atraer y penetraron con furor en ella, sin más recuerdo del mundo exterior que un saquito de obstinación y un fardo de desatino. En los puertos se decía que los que entraron en ella no volvían porque era imposible escapar de su embrujo, pero en las tabernas a la noche se confesaban los marineros viejos, que una vez tuvieron la fortuna de ver de lejos su hambrienta boca, que nadie volvía porque allí dentro estaba todo lo que el hombre podía desear, amar, respetar y defender.




viernes, 16 de diciembre de 2011

Exposición VENETIAN PIN-UPS

En enero de 2012 se celebró en el café-taberna El Fin del Mundo de Madrid una exposición que nos acerca a ese mundo fantástico que se entreve en todo su esplendor en El libro de Angelina. En concreto, nos introduce en el mundo marino y sus extrañas criaturas:


VENETIAN PIN-UPS
(Angelina Trisole en el Fin del Mundo)


En 1740, el Dottore Sandro Giuseppe Scortichino, un naturalista y teratólogo de la Universidad de Bolonia, quedó sumamente intrigado por el mundo fantástico que se describía en los doce cuadernos que componen el relato de las andanzas de Dª Angelina Trisole de Ghiandachiara, publicadas bajo el título de El libro de Angelina. Por esa razón se dirigió al Palacio de Capodimonte en Napolés para consultar en persona todo el legado de documentos en que se había basado su autor para componer las memorias de la mencionada dama veneciana. Sorprendido aún más por las descripciones de diferentes criaturas acuáticas, se propuso recopilar en un catálogo aquel conjunto de extraños seres, a los que de vez en cuando se hacía referencia entre los papeles de aquellos legajos.

De este modo, hacia 1763 se pudo publicar un tratado general donde figuraban 124 criaturas, descritas y representadas en estampa. Estas estampas sirvieron a algunos pintores románticos como fuente de inspiración, pintando curiosos cuadros y perpetuando, de este modo, el trabajo del Dottore Scortichino.

Esta selección se ha realizado a partir de una serie incompleta de 24 cuadritos (46 x 15 cm.) que se localizó en una almoneda del Barrio de Gracia de Barcelona. Dado su mal estado de conservación y su fragilidad, pero dado también su gran valor histórico y documental se optó por emprender la reproducción que aquí se muestra.